Yuberjen Martínez

Redacción: El Heraldo

Hay algo que ilustra nítidamente la enorme injusticia que vivió Yuberjen Martínez en el ring de la Arena Kokugikan, este lunes en los Juegos Olímpicos de Tokio. La inmerecida derrota que apareció en las tarjetas de los jueces no se refleja en el estado físico y de salud en el que terminaron ambos boxeadores.

Por un lado, Yuberjen brincaba, hablaba y sonreía, en medio de su tristeza por un sueño que le frustraron. Estaba ileso, fresco, con energía. Por el otro, el japonés Ryomei Tanaka solo tuvo garbo para celebrar arrodillado y abrazar al colombiano en cumplimiento del gesto de deportividad.

Después de superar su sorpresa por la victoria en el pleito de cuartos de final del peso mosca, se bajó del cuadrilátero y se fue rumbo a los vestidores con ayuda de los integrantes de su esquina.

Tanaka avanzaba sin el suficiente equilibrio, sostenido por los brazos y como desorientado, algo tambaleante. Incluso hubo necesidad de llevarlo en silla de ruedas y rodeado de personal médico.

Un semblante que dejaba ver lo mal que lo había dejado Yuberjen. Fue evidente que el colombiano le propinó muy buenos golpes, los mejores del duelo.

Sin embargo, los jueces increíblemente vieron otra cosa y el colombiano se quedó con las ganas de colgarse su segunda medalla olímpica. Ya había ganado plata en los Juegos Olímpicos Río de Janeiro-2016.     

Tanaka, que se retiró en silla de ruedas, aseguró la presea de bronce y va por la plata. El objetivo por el cual hizo méritos el colombiano, pero los jueces lo derrotaron.

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