Pastrana revela

Redacción: El Tiempo

¿Qué hará la Comisión de la Verdad con la ‘prueba reina’ de que el cartel de Cali compró la presidencia de Ernesto Samper? Se trata de una carta entregada por el expresidente Andrés Pastrana, y firmada por los hermanos Rodríguez Orejuela, que dice: “Contribuimos con el dinero para la campaña de Ernesto Samper, y no fue a sus espaldas”.

Entre todos los expresidentes, del que menos se esperaba que produjera un sobresalto ante la Comisión de la Verdad era usted. Y fíjese la que armó, con la reveladora carta que entregó. En ella, ni más ni menos, los Rodríguez Orejuela reconocen, ¡por fin!, que pagaron la campaña presidencial de Ernesto Samper, y que no fue a sus espaldas. ¿Por qué hasta ahora aparece esa carta?

Esa carta aparece en mi libro Memorias olvidadas, en el año 2013. Muy curioso que hasta ahora hayan caído en cuenta, entre otros, muchos periodistas.

Inclúyame ahí… No tenía ni idea de que esa carta existía.

Comenzaría diciendo que después de presentar la carta a la Comisión de la Verdad, se hace realidad el dicho de que la verdad duele. Es que a la gente se le había olvidado que en el año 1994 soy yo quien destapa el proceso 8.000.

Devolvámonos a ese momento. En su libro cuenta por primera vez que quien le entregó los narcocasetes fue un coronel de la Dijín, de apellido Barragán. Pensábamos, y seguimos pensando, que detrás estaban los gringos…

Fue el coronel Barragán. Me visitó para contarme que la DEA y la Dijín tenían un grupo de trabajo que estaba por fuera de la división de inteligencia de la Policía, dedicados, después de la caída de Pablo Escobar, a perseguir al cartel de Cali, que era lo lógico. Por eso pienso que era imposible que en el gobierno de Gaviria no supieran nada de eso.

Cuando usted lo visita para mostrarle los casetes, él y su ministro de Defensa, Rafael Pardo, se muestran sorprendidos…

Exactamente. Él estaba con su ministro Rafael Pardo y yo llevé a Luis Alberto Moreno. Teníamos el temor de que la grabación fuera una trampa y las voces de los Rodríguez no fueran auténticas. Por consejo de mi padre, Misael Pastrana, resolvimos llevarle los casetes al presidente Gaviria, como primer magistrado de la Nación, para que tomara las decisiones correspondientes.

¿Por qué usted no toma la decisión inmediata de revelar los narcocasetes?

Por la voz del periodista Alberto Giraldo (enlace del cartel de Cali), protagonista de las grabaciones, pues todo el mundo la conocía. Había sido director del noticiero Todelar, muy popular en su época. Pero yo no tenía manera de confirmar que la voz de los Rodríguez Orejuela sí era de ellos. Por eso tomamos la decisión de enviarles a todos los directores de los medios de comunicación el casete. Y aquí cometí un error grave, que se lo mandé a los directores, que no publicaron nada. Si se los hubiera mandado a los periodistas, habría sido distinto. El único que se atrevió a publicarlos a posteriori fue Álvaro Gómez, en su noticiero 24 Horas.

¿La existencia de esos narcocasetes es lo que explica el mensaje tan retador que usted envió pocos días antes de las elecciones al candidato Samper?

Sí. Le dije: “Si usted o yo llegamos a la Presidencia y se comprueba que hay plata del narcotráfico en nuestras campañas, renunciamos”.

Andrés Pastrana Arango en  contribución ante la Comisión de la Verdad.
Andrés Pastrana Arango en  contribución ante la Comisión de la Verdad.

Samper nunca contestó… Y viene la noche de su cita con el presidente Gaviria, narcocasete en mano.

Sí. A la salida del despacho, el entonces ministro Rafael Pardo me dice: “regáleme el casete”. Yo se lo dejé.

Comprobar rápidamente su autenticidad, por falta de tecnología en la época, era muy difícil…

Lo raro es que tiempo después Pardo me dijo que esa misma noche ellos supieron que los casetes eran auténticos. Nada me dijeron. En lugar de eso optaron por enviárselos al fiscal De Greiff, y al candidato Samper, a quien le dicen: ojo que Pastrana nos trajo esto, y las grabaciones son ciertas. Si ellos me hubieran dicho a mí, en ese momento, que ellos tenían esa certeza técnica, yo habría salido a contarlo. Y seguro la historia de Colombia sería otra.

Según su libro, Rafael Pardo lo llama esa misma noche, lo cita en su casa, y le propone un pacto de silencio: que usted y ellos nieguen la entrega de los narcocasetes. Es decir, esconder su existencia eternamente. Hoy no sabríamos de la existencia del capítulo en el que un cartel de la droga compró la presidencia de Colombia…

Así fue. Yo, al pacto de silencio de Pardo, dije que no. Y él me advirtió que entonces tendríamos que resignarnos a largas investigaciones de la Fiscalía. Yo dije que procedieran, porque no tenía nada que esconder. Durante dos años estuvieron en mi oficina hurgando, desde el gobierno Samper y desde la Fiscalía; revisaron todos los libros, todos los cheques, todos los recibos de contabilidad, y nunca encontraron absolutamente nada y tuvieron que cerrar esa investigación.

Y luego usted pierde las elecciones por escasos 156.000 votos…

La noche en que pierdo las elecciones pronuncio la famosa frase: “Reconozco el triunfo numérico de Ernesto Samper, pero no el triunfo moral”. Muchos no la entendieron.

Dice en su libro que usted quedó convencido de que el presidente Gaviria y su ministro Pardo de Defensa ya conocían los narcocasetes y que habían resuelto guardarlos y no divulgarlos jamás. No contaron con que usted también los tenía…

Nunca imaginé esto de César Gaviria por una razón, para poner las cosas en contexto. El que salva a Gaviria de que se caiga el gobierno fui yo, y no lo digo como acto de soberbia. La Fuerza Democrática tenía varios senadores y representantes con los que logramos hacer una coalición para ayudar a Gaviria. Hicimos entonces el Acuerdo de la Casa de Nariño con la Nueva Fuerza Democrática, el M-19 y el Partido Liberal. Previamente le había dicho al presidente que yo no quería ni un ministerio. Pero luego, estando yo ya de vacaciones, me llama Gaviria y me dice: le voy a dar dos ministerios, Relaciones y Desarrollo.

¿Pero esto es antes o después del episodio del narcocasete?

Esto fue antes. Es por lo que le digo que si alguien salvó a Gaviria, fui yo.

¿Pero cómo así que lo salvó por haberle aceptado dos ministerios?

Pues lo más sencillo: a Gaviria se le había volado Pablo Escobar, y estábamos en el apagón de 20 horas al día. Si yo me hubiera ido con el Partido Conservador, no termina el gobierno. Por la oposición en el Congreso solo se habría quedado Gaviria con una parte del Partido Liberal y con Antonio Navarro. Me enfrento a mi padre y a mi partido para ayudar a Gaviria, porque siempre he dicho que si le va bien al presidente nos va bien a todos. Y por eso se salva Gaviria.

A cambio de eso, encontró a un presidente dispuesto a quedarse callado. ¿Sería que para César Gaviria era mucho más difícil parar las elecciones a 3 días de su ocurrencia y más fácil enterrar el episodio de los narcocasetes?

Cuando yo fui a Palacio a entregar los narcocasetes, el presidente Gaviria me pregunta: ¿Qué quiere que yo haga? Le respondo: Usted es el primer magistrado de la Nación y debe tomar la decisión que más beneficie a Colombia. Ese fue el eslabón perdido. ¿Por qué? Porque si Gaviria hubiera jugado limpio conmigo y me dice ese jueves, cuando se los entregué: “Andrés, los casetes son ciertos”, todo habría sido distinto. La responsabilidad de que no ocurriera nada fue de él. Se me hace muy curioso que cuando yo le tendí la mano a Gaviria él no supo responderme. Soy un tipo noble. Mucho después de este episodio, cuando Gaviria me pidió que lo reeligiéramos en la OEA, le hice la campaña; no guardo esos rencores como la gente cree. Pero nos hemos saltado una historia que está contada en el libro. El 8 de noviembre del año 95, Samper, ya elegido Presidente, me convoca a una reunión en casa de su entonces canciller Rodrigo Pardo. Con Samper había tenido muy buena relación en el Concejo de Bogotá; es más, cuando el atentado a Samper, si alguien se puso al frente para que no se muriera fui yo como alcalde de Bogotá: llévenlo a la Caja de Previsión, pónganle todas las herramientas, todos los elementos, lo que necesite. Y esa noche en que Samper me convocó al Palacio de Nariño, me dice: Andrés, ayúdeme, vamos a hacer un gran acuerdo nacional. Habían pasado ocho días de la muerte de Álvaro, y la situación era caótica. Yo le contesté que sí, pero bajo la condición de que como nadie le creía a la Comisión de Acusaciones de la Cámara, su juez natural (¿quién le creía al representante investigador Heyne Sorge Mogollón?) Samper debería aceptar someterse a un tribunal de honor como el que hubo cuando el Palacio de Justicia. Le prometí que cualquiera que fuere su fallo, yo lo respetaría. Samper nunca aceptó eso.

Termina el gobierno Samper, a quien la Comisión de Acusaciones precluyó su proceso. Y usted gana las elecciones. Dos años después, en el 2000, le llega, por intermedio de un amigo suyo el médico alternativo Santiago Rojas, una carta que a él le habían entregado en la cárcel. Estaba firmada por los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela. En ella reconocían que le habían dado a Samper los recursos para pagar su campaña y que eso no había ocurrido a sus espaldas. Es decir, que Samper sabía, lo cual ha negado hasta nuestros días. Esa carta la había estado esperando el país desde el año 1995. ¿Quién pidió esa carta? ¿Fueron los Rodríguez los que la mandaron? ¿O fue usted el que, aprovechando que Santiago Rojas los frecuentaba en ejercicio de su labor humanitaria, se las mandó pedir por su conducto?

Santiago Rojas ha sido un gran amigo mío. Él es el que me da las goticas, no Elsa Lucía Arango (risas). En ese momento había muchos problemas en las cárceles (más o menos los mismos de hoy). Entonces a Santiago lo nombré como un embajador de buena voluntad, porque tenía una organización para trabajar en las cárceles, y se dedicó a eso, a pacificarlas. En ese período visitó más de 40 cárceles. Hizo una labor muy importante. Entonces, ¿qué sucede? A finales del 99 o comienzos del 2000, por muchos paros que ocurrían, como los de hoy, empezaron a generarse una cantidad de situaciones muy parecidas y los organismos de inteligencia comenzaron a llevarme información de que los Rodríguez Orejuela eran los que los financiaban, en contra del Gobierno. Un día en que Santiago fue a la cárcel lo llamaron los Rodríguez y le dijeron: “Oiga, Santiago, sabemos que usted es amigo del presidente Pastrana y le queremos mandar una razón. Dígale que nosotros no estamos involucrados en los paros, que no tenemos nada que ver, que eso es una falsedad”. Y Santiago me lo contó. A los pocos días o a semanas, otra vez alguien empezó a hablar del proceso 8.000, de los Rodríguez Orejuela y de lo que estaba sucediendo. Entonces yo salí dando una declaración, no me acuerdo dónde: “Ojalá algún día los Rodríguez Orejuela cuenten la verdad, la estamos esperando todos los colombianos”. A raíz de eso, los Rodríguez llaman a Santiago y le dicen: “Vamos a firmar esta carta frente a usted. Mire que no tiene ántrax y que no es una carta bomba; es para que se la entregue al presidente Pastrana”. Así fue como la carta llegó.

¿Y usted qué hizo? Era la prueba reina que todo el país esperaba desde hacía años…

Me senté con los abogados y les pregunté: ¿Qué podemos hacer con esto? Me senté con el jurídico, con Jaime Arrubla, con el ministro Rómulo González y me dijeron: nada. ¿Cómo así que no se puede hacer nada? Nada. Mire: Botero ya habló, habló Medina, Morcillo habló, Pallomari habló, el fiscal De Greiff cerró la investigación porque no había pruebas y no había evidencias. El Congreso precluyó. El caso está absolutamente cerrado.

¿Pero no era una prueba nueva?

Ahí no había nada que hacer. La prueba reina habían sido más bien los narcocasetes y no se pudo hacer nada con eso. ¿De qué servía ahora esta carta?

Usted dice en su libro que, con carta en mano, ya no tenía interés en denunciar a Ernesto Samper y que no quería utilizar su posición de ventaja como Presidente, y más bien esperar a que la justicia actuara, y que eso no sucedió. ¿Pero usted como Presidente de la República, no estaba en poder de una prueba?

No, porque ya no se podía hacer nada. Ya todo el mundo había dicho lo que sabía.

Pero los Rodríguez Orejuela no… Nunca antes habían dicho que entregaron la plata de la campaña y que no fue a espaldas del candidato Samper.

Releyendo el libro, yo quiero saber por qué el señor William Rodríguez, hijo de Miguel, solo hasta el 2014 les cuenta a los Estados Unidos y al mundo que su tío y su papá sí habían financiado la campaña de Samper, y no con cinco sino con diez millones de dólares. Eso también el país lo tiene que saber. ¿Qué beneficios obtuvo William Rodríguez por una declaración que ya no era válida para la justicia?

El señor William Rodríguez habló mucho la semana pasada. En declaraciones a Semana, por ejemplo, insinúa que usted se guardó la carta 13 años, desde que la recibió hasta que la publicó en su libro, dizque porque tenía algún pacto con los Rodríguez Orejuela que no quiso especificar… ¿Qué tipo de pacto había como para entender que semejante bomba se mantuviera, si no oculta, por lo menos guardada?

No era bomba, porque no se podía usar. Ya no servía. Me remito a contestar esa pregunta con lo que dijeron Miguel y Gilberto Rodríguez en su carta: “Finalmente, señor Presidente, queremos manifestarle que no vamos a permitir que nos sigan utilizando para lavar sus culpas, y que no necesitaremos ningún beneficio que alivie nuestra pena, es más, no lo aceptaríamos”. Pero le voy a decir algo más, para que quede claro que yo no escondo las cosas. Posteriormente Gilberto y Miguel me mandaron con Santiago la razón de que querían cambiar de cárcel porque ambos estaban enfermos en La Picota. Dije que mandaran una solicitud como lo hace cualquier preso. Me llegó la solicitud, se la pasé a Rómulo González, él dio su visto bueno y así fue como los hermanos Rodríguez fueron trasladados a Palmira.

Si la carta que muchos no conocíamos ya estaba publicada hace siete años en un libro, ¿por qué se le ocurre aportarla ahora ante la Comisión de la Verdad?

Porque unos días antes había visto las declaraciones de Ernesto Samper en la Comisión de la Verdad, ante la cual siguió negando que el cartel de Cali le había financiado su campaña. Nuevamente afirmó que él nunca supo nada de eso. Ahora la Comisión de la Verdad tiene que confrontar las dos tesis. Yo dejé consignada la carta, y punto. No dije absolutamente nada más.

¿No hubo una especie de pacto con los Rodríguez para no extraditarlos a cambio de que ellos le enviaran a usted esa carta?

El problema grave con los Rodríguez Orejuela no es la carta de Andrés Pastrana, por la cual en esos años no habrían podido ser extraditados, así yo hubiera entregado la carta, sino lo que años atrás había denunciado mi padre: cómo el narcotráfico se compró la Constituyente para tumbar la extradición. Eso es lo más grave, y me lo corroboró Popeye a mí. Entonces, una vez se tumba la extradición en el año 91, ya no se podía extraditar a los Rodríguez Orejuela, por delitos cometidos del 91 hacia atrás. Germán Vargas presentó entonces un proyecto de ley para reinstaurar la extradición, por que EE. UU. venía presionando, lógicamente, a Samper. Entonces se reactivó la extradición y parece que lo que pasó aquí fue que a los Rodríguez Orejuela los agarraron delinquiendo desde la cárcel, y fue por eso que se les pudo extraditar. No porque apareciera la carta.

Pero cómo será de importante esa carta que a estas alturas de la vida, después de que la mantuvo guardada por 13 años, usted decide comparecer ante la Comisión de la Verdad para aportarla a sus archivos. Esa carta pudo haber cambiado el rumbo de los acontecimientos. Si hubiera aparecido en el momento apropiado, de pronto Colombia se habría ahorrado todas las desgracias, incluyendo la corrupción y la violencia, que llegó a su pico cuando el cartel de Cali resolvió comprar la Presidencia de Colombia y a la mitad del Congreso.

Memorias olvidadas fue un best seller en Colombia, rompió los récords de venta según Random House Mondadori. Hice una presentación del libro con Vladdo, con Gonzalo Guillén, en el club El Nogal, y todo esto lo contamos. Es que los que no le pararon bolas fueron los periodistas (risas). Ese día a Gaviria lo entrevistaron desde Cartagena y cuando yo dije que él era el eslabón perdido, se me vino con una cosa durísima. Conclusión, todo se conocía de tiempo atrás y fueron los periodistas los que dejaron pasar la noticia. Nunca entendí por qué.

Perdón que le insista: ¿por qué no la sacó cuando llegó a sus manos como Presidente?

Porque yo no utilicé mi gobierno para perseguir a nadie. Distinto de lo que hizo Samper, que se dedicó desde el primer día a atacarme a mí, a acusarme de apátrida, de vendepatria. Salía del hospital con mi hija Valentina en brazos, recién nacida, y me decían “hipueputa vendepatrias”. Eso se dedicó a construirlo Samper. Yo pasé del 80 por ciento de popularidad al 80 por ciento de impopularidad. Ese reclamo se lo hice a Samper en la famosa reunión. Le dije: haga conmigo lo que quiera, contra mi padre, porque somos hombres públicos, pero no contra mi familia. Él se me quejó de que a los hijos de él los molestaban también en el Gimnasio Moderno. Yo le respondí que jamás había dicho nada ni contra su señora ni contra sus hijos. Yo no utilicé el poder para hacer esas cosas. Pero a mí Samper sí me mandó a De Greiff dos años a que investigara mi campaña, mis impuestos, todo, y no encontraron nada.

Otra de las cosas que se dicen es que usted guardó esa carta tanto tiempo porque los Rodríguez Orejuela le dijeron: “se la mandamos, pero no la publique, porque aquí le dimos plata a todas las campañas”. ¿Su campaña también recibió plata? ¿O por lo menos hubo alguien que fue a pedirla?

En las Memorias Olvidadas, esa respuesta que me pide está clarísima. Jorge Rodríguez, el hermano menor de los Rodríguez Orejuela, dijo, abro comillas: “Porque esa gonorrea está todo puto y está empezando a decir que de los dineros calientes dizque no sé qué y él va porque no le dimos billete de oferta ni mandó a pedir. O sea que se le dijo, no más que aquí estamos con el otro señor. Y es que no le dimos ni un culo, ese va a perder. Ese a metros hijueputa, va a perder”.

¿Es cierto que a cambio de la financiación de la campaña de los Rodríguez a Samper le pusieron como condición unos nombramientos específicos, como dice en su libro?

No sé en la campaña de Samper cómo hicieron el acuerdo. Pero como dije ante la Comisión de la Verdad, la historia hay que verla en contexto. Todos supimos que fue en el Paseo de Recoletos, en Madrid, en el Bar de los Espejos, donde se sentó Samper a negociar este tema con los emisarios de los Rodríguez.

¿Según la revista ‘Time’ de la época, el gobierno gringo sabía todo, pero prefirió no interferir en las elecciones de Colombia?

Cuando ya estaba electo, los gringos le hicieron conocer a Samper que tenían conocimiento de que todo esto estaba sucediendo. El resultado fue la retirada de visa de Samper, la descertificación de Colombia en el tema de narcotráfico, la presión que le pusieron permanentemente, y todo lo que el embajador Miles Frechette dijo e hizo en el gobierno Samper. Todo eso era respaldado, porque un embajador no hace lo que hizo sin tener ese respaldo de su gobierno. Ya todo estaba comprobado. Hasta Gaviria y Pardo avalaron la autenticidad de los casetes que yo entregué. Por eso le insisto en que la noticia criminis la di yo. Y por eso lo que nos tenemos que preguntar es por qué en la Fiscalía desecharon esas pruebas.

¿Se necesitaba la Comisión de la Verdad para que la carta de los Rodríguez Orejuela, confesando que habían comprado una presidencia de Colombia, quedara oficialmente registrada en la historia del país?

No. ¡Si ya estaba publicada en el libro Memorias olvidadas, en el capítulo llamado ‘La prueba reina’!

Pero usted fue a la Comisión a mostrar la carta por algo…

Porque el problema más grave que hemos tenido los colombianos es el narcotráfico, que permeó la guerrilla, llámese Farc, Eln o paramilitarismo. El narcotráfico es el problema más grave, es el karma que hemos tenido nosotros en este país. Permeó la política y compró hasta la Presidencia de Colombia. Con esa carta quise poner en contexto algo que usted acaba de decir: que el narcotráfico es efectivamente lo que ha causado buena parte de todo esto que estamos viviendo. En ese contexto, les llevé los datos, les llevé las cifras, las estadísticas de tantas cosas, y dije: “Lo más grave para un país es que el narcotráfico haya logrado comprarse la Presidencia de Colombia”. Y no con 3 millones, como se habló inicialmente, sino con 10 millones, según William Rodríguez, pero también hablan de US$ 15 millones. Es que hasta el ‘Chapo’ Guzmán dio 500.000 dólares, 2.000 millones de pesos de hoy en día, según confesó en Nueva York. ¿Se habrá visto algo más grave? Lo más grave es que este país sigue pensando en la forma y no en el fondo, como lo fue la compra de la Presidencia de Colombia por el narcotráfico.

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