alias Matamba

Redacción: Revista Semana

La inexplicable fuga de la cárcel La Picota de uno de los narcotraficantes más peligrosos del país, quien ya se había volado de prisión en el pasado y que era un objetivo de alto valor para la justicia de Colombia y Estados Unidos, ya tiene las primeras investigaciones contra los funcionarios que permitieron la extraña salida de este hombre del centro penitenciario, quien tuvo que cruzar siete puertas con la complicidad guardias del Inpec. No pudo ser de otra manera.

Por este motivo, la Procuraduría profirió pliego de cargos al director de la cárcel La Picota, de Bogotá, Juan Javier Papa Gordillo, así como a seis guardianes de ese centro penitenciario, se trata del inspector jefe Julián Segundo Pérez Jiménez, el inspector Milton Libardo Jiménez Arboleda, y los dragoneantes Julián Andrés López Espinosa, Jhoan Sebastián Jiménez Sabogal, Juan Pablo Ibáñez Rodríguez y Diego Andrés Soto Loaiza.

El órgano de control señaló que el director Papa Gordillo no adoptó las medidas necesarias para evitar la fuga de Matamba, a pesar de que existía una información desde la Dirección del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) sobre un posible plan de fuga de este peligroso narcotraficante, y de recibir la orden de extremar la seguridad del penal para prevenir el hecho.

“De haberse adoptado a tiempo las medidas de seguridad que se requerían ante la información de los organismos de inteligencia del Estado, se hubiera eventualmente evitado la fuga de Castro Estupiñán”, precisó en el pliego de cargos el Ministerio Público.

Un tema que no se abordó en el juicio disciplinario, pero que hace mucho más rara y preocupante la fuga de Matamba, es que este narcotraficante justamente se encontraba colaborando con la justicia y estaba desnudando la red delincuencial enquistada en el Ejército y las Fuerzas Militares que opera en el departamento de Nariño y el sur del país.

Matamba estaba señalando uno a uno a los militares a los que les pagaba, que estaban en su nómina y a cambio, por millonarias sumas, no solo le garantizaban seguridad, lo dejaban actuar y traficar a sus anchas, sino que se encargaban de perseguir selectivamente a otras organizaciones ilegales, enemigas de La Cordillera, la que manejaba este criminal, que fue abatido el 26 de mayo.

El capo del narcotráfico había salpicado nada menos que al ya célebre coronel Robinson González del Río, quien había sido condenado por falsos positivos y recuperó la libertad al llegar a la JEP, pero más tardó el tribunal transicional en dar la libertad que este militar en volver a delinquir.

Por su parte, los inspectores Pérez Rodríguez y Jiménez Arboleda habrían concedido y ofrecido, respectivamente, unos permisos para ausentarse del penal a Juan Pablo Ibáñez Rodríguez y Diego Andrés Soto Loaiza, quienes tenían asignados turnos de guardia el día en que ocurrió la fuga. Ese permiso fue concedido a los dos guardianes por haber votado en las elecciones del 13 de marzo de 2022, pese a que estos advirtieron que no habían ejercido el derecho al voto.

Además, al parecer, propiciaron la rotación de personal en diferentes puntos de seguridad del penal, situación que aparentemente habría facilitado que Castro Estupiñán se evadiera del penal.

El guardián Julián Andrés López Espinosa, quien prestó el servicio de guardia el día y hora de los hechos, al parecer le habría suministrado al detenido un uniforme de uso exclusivo de los integrantes del cuerpo de custodia, así como fue quien abrió la celda y las rejas del patio y de la Unidad de Medidas Especiales, por donde pasó Matamba.

En el caso de Jhoan Sebastián Jiménez Sabogal, quien no se presentó a su turno de vigilancia por una supuesta indigestión, se le investiga porque presuntamente pudo ser la persona que sacó a alias Matamba del centro de reclusión en un vehículo.

Por esos hechos, el órgano de control profirió pliego de cargos contra los siete investigados por la falta disciplinaria de facilitar o permitir la fuga de presos, que en el caso de las faltas consideradas gravísimas tienen una sanción de destitución e inhabilidad que va de diez a veinte años.

En el caso del director Papa Gordillo, calificó su presunta conducta como una falta grave cometida a título de culpa grave. Mientras que los guardianes Julián Segundo Pérez Jiménez, Milton Libardo Jiménez Arboleda, Julián Andrés López Espinosa y Jhoan Sebastián Jiménez Sabogal habrían incurrido en una falta gravísima cometida a título de dolo, y Juan Pablo Ibáñez Rodríguez y Diego Andrés Soto Loaiza en una falta gravísima a título de culpa grave.

En el pliego de cargos, el órgano de control advirtió una serie de fallas o deficiencias de seguridad en el complejo carcelario, como el funcionamiento de las cámaras dispuestas en el penal, que no es el óptimo; el número de guardianes disponibles para realizar los servicios de custodia y vigilancia en cada uno de los turnos es insuficiente, y no existen mecanismos de seguridad y control que permitan la identificación de las personas y automotores que ingresan y salen del establecimiento, entre otras falencias.

Matamba y su pacto criminal con militares

“Claro que había fuga de información, en el último momento las operaciones militares se caían porque los de Matamba ya sabían que íbamos por ellos”. “Uno no entendía en ese momento por qué los jefes archivaban la información de inteligencia que se les entregaba con coordenadas de movimientos del grupo de Matamba, horas específicas y objetivos. Ahora ya lo sabemos, porque eran unos vendidos”.

Estos son testimonios de militares de inteligencia y hasta de un exjefe de comisión del ELN con los que habló SEMANA y destaparon cómo era la olla podrida de corrupción, tráfico de armas y hasta malversación de dineros públicos que operaba en el Ejército, en el Batallón Boyacá, sur del país, la zona con más hectáreas de coca cultivada, en donde cientos de militares han perdido su vida, mientras otros uniformados estaban filtrando información a los ilegales a cambio de dinero.

La organización del narco conocido como Juan Larinson Castro, alias Matamba, infiltró una de las unidades militares más importantes en la lucha contra el narcotráfico y la criminalidad, en lo que se convirtió en un contubernio criminal, que regresó a la época de las relaciones entre paramilitares y militares para acabar con las Farc. Esta vez era contra el ELN.

Las declaraciones que obtuvo SEMANA son de quienes eran los encargados de recopilar la información en terreno del enemigo, arriesgando sus propias vidas, para entregarla a sus superiores, quienes las terminaban filtrando o archivando. “Como dicen por ahí, ya uno pierde la fe en la causa, exponiendo la vida y los jefes llenándose los bolsillos”, dice un experimentado hombre de inteligencia que decidió romper su silencio pese a ser uniformado activo y saber que, con su testimonio, su carrera y hasta su vida están en peligro. Sus operaciones se caían por fuga de información.

Cuando llegaban al lugar del operativo donde estaban los de Matamba, estos ya se habían ido. Todo era frustración. “Nunca me había pasado eso en los más de diez años de servicio que llevo”, dijo. Y es que esta historia cuenta con todos los elementos de las tramas mafiosas: dineros por montones, topos que filtran información, agentes del orden corruptos e intocables que seguían como si nada, por más que sus nombres aparecen en escena. Estaban protegidos por sus superiores.

De varios casos que puso como ejemplo el hombre de inteligencia, recordó que hacia 2019, cuando estaba lista una estrategia para capturar integrantes de La Cordillera, incautar cocaína y más de mil millones de pesos, les ordenaron suspender el operativo.

“Le dijeron a mi coronel Gómez que no podíamos movernos, ahí es cuando uno se pone a pensar ¿qué pasó?, ¿la orden la dieron desde arriba?, ¿desde la brigada?”, comentó. Indignado por lo sucedido, el militar se quejó en varias ocasiones, pero los reclamos no fueron oídos por los superiores, por el contrario, las fugas de información seguían. “Hubo una operación en Policarpa (Nariño), vereda La Independencia; teníamos la fuente, el punto estaba fijo y nos dijeron que no podíamos hacer nada, esa orden venía desde la brigada”.

La brigada a la que hace referencia es la 23, que tiene jurisdicción en Nariño. Para armar el rompecabezas de cómo funcionaba la relación entre mafia y militares, el agente de inteligencia explicó que, para 2019, el grupo La Cordillera tomó fuerza y les declaró la guerra abierta a las disidencias de las Farc de Gonzalo Prado Paz, alias Sábalo, un excombatiente que desertó del proceso de paz y revivió el frente Estiven González; también entró en guerra contra el ELN. Matamba ya tenía infiltrado al Ejército. La fuerte confrontación era por las rutas de narcotráfico del Pacífico, que son la principal salida de drogas. Se trata de toneladas de coca y dinero las que se mueven por estos corredores, de ahí que todos quieren ser los únicos dueños.

Pese a la importancia del criminal y las graves denuncias que estaba realizando, nunca fue capturado para que siguiera colaborando con la justicia, fue abatido en un enfrentamiento contra militares y policías que le llegaron a la zona donde se refugiaba.

Esa mañana del jueves 26 de mayo, el presidente Iván Duque confirmó que en un enfrentamiento registrado en zona rural del municipio de Bolívar (Santander), fue abatido el temido narcotraficante Juan Larinson Castro Estupiñán, alias Matamba. Después de una labor de inteligencia, las autoridades encontraron que el jefe de la banda Cordillera Sur, que opera en Nariño, estaba en la región en compañía de varios de sus hombres de confianza.

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