Ricardo Roa

Redacción: El Tiempo

Son las 6 y 30 de la mañana de un miércoles de febrero cuando el hoy presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, da comienzo a la entrevista con BOCAS. La cita tiene lugar en su apartamento de Bogotá, un espacio sobrio, bien decorado, en el cual hay un piano que le regalaron los empleados de la Electrificadora de Santander hace años.
De hablar pausado, quien fuera gerente de la campaña que llevó a Gustavo Petro a la Presidencia de la República no evade ningún tema. La charla solo se interrumpe unos segundos cuando Julián, pareja del funcionario, saluda brevemente. Esta es la versión editada de esa conversación.

¿Cómo es su historia personal?

Soy el hijo número nueve de una familia de 11 hijos. Una familia normal, humilde, formada por un cabo de la Policía y una madre cuya ocupación era el hogar. Nací el 22 de junio de 1960, dos meses después que el presidente Petro, y me crie como cualquier niño. Estudié becado en un colegio Salesiano en Bogotá, el colegio Centro Don Bosco.

¿Y qué recuerda de esa época?

Decidí ser técnico en electromecánica a los 14 años y ese fue mi primer contacto con la electricidad y con la mecánica. Aun así, cuando terminé el bachillerato quería ser abogado.

¿Por qué?

Porque mi padre, apenas habiendo hecho quinto de primaria, trabajaba como policía en los juzgados. Así él se fue familiarizando con las leyes, con las normas, con los códigos y se metió a estudiar. Terminó siendo juez de la República en Leticia, no recuerdo en qué año. Pero fue un proceso de superación que siempre admiré. Entonces a mí, a raíz de eso, me gustaba el Derecho.

¿Qué pasó?

Él no me dejó. “Tiene que irse por el área técnica”, me dijo. Cuando le dije que no estaba de acuerdo, su respuesta fue que los abogados tienen que pensar en blanco y negro y que yo solo pensaba en blanco. “Usted es una buena persona y no le va a ir bien ejerciendo”, y con eso me convenció.

¿Qué hizo?

Entré a estudiar ingeniería mecánica en la Universidad Nacional, siempre con énfasis en energía. Me gradué en 1988 con una tesis sobre diseño, construcción y puesta en operación de un molino de viento para producir energía de 100 vatios en La Guajira.

¿Trabajó en algún momento por esos años de estudiante?

Vendí máquinas para transformación de plásticos, cuando todavía no me había graduado. Después me llamó el profesor que me dirigió la tesis y me invitó a trabajar con él en la Universidad Antonio Nariño. Con el cartón en la mano fui docente de cátedra en temas energéticos, termodinámica, ciclos térmicos, motores de combustión interna.

¿Cuánto duró?

Hasta que comencé como auditor energético en una firma especializada. Manejaba un software para simular plantas de generación térmica de todo tipo, con turbinas de gas, ciclos combinados, generación, termodinámica. Recuerdo que hicimos un ejercicio con Ecopetrol, que fue el primer contacto que tuve con la empresa.

¿Qué siguió después?

Mi primer cargo público, en la Superintendencia de Servicios Públicos, dentro del área delegada para energía y gas. Eso fue a comienzos de 1997 y ahí me desempeñé como auditor. Aprendí mucho de las leyes que rigen el sector. Hice muchísimos cursos de formación en ISA. En simultáneo, dictaba clases en la Nacional, porque me presenté a un concurso público en el que buscaban un docente en uso eficiente de energía en la industria. Dicté unos seis o siete años esa materia.

¿Cómo fue ese paso por la Superintendencia?

Me sacaron a finales de 1998 por cuenta del cambio de gobierno, después de haber participado en la toma de posesión de las electrificadoras de la costa. Estuve encargado de la de Sucre unos seis meses hasta que la vendieron. Como al mes de la salida estuve en un foro en el que me encontré a quien considero el padre de la regulación en servicios públicos, Francisco Velásquez. Le conté lo que había pasado y su respuesta fue “¿Cómo así? El único técnico bueno que había y lo sacan”. De allí pasé a Andesco como director sectorial de energía y gas.

¿Se quedó un buen tiempo en el gremio?

Así es. Luego acepté ser por un par de meses el gerente de comercialización y mercadeo de energía de la Electrificadora de Santander, con sede en Bucaramanga, pero me fui quedando. Tiempo después me ofrecieron la gerencia general. Me sorprendí no solo porque iba a ser el más joven del grupo de quienes manejaban electrificadoras, sino por no ser santandereano. Sin embargo, me nombraron y estuve hasta que la empresa se le vendió a EPM.

¿Y qué encontró?

Me fui a los ingenios de la organización Ardila Lülle, primero como director de comercialización de energía y etanol y luego como gerente de negocios de energía y etanol. Estando allí me llaman como a finales del 2011 y me dicen que el entonces alcalde electo de Bogotá, Gustavo Petro, me invita a una entrevista. Cuando nos encontramos me dice que quiere que yo sea presidente de TGI (Transportadora de Gas Internacional) y a los dos meses la junta directiva me designa.

¿Cómo se da eso?

Pues TGI, cuyo dueño es el Grupo de Energía de Bogotá (GEB), tenía su sede en Bucaramanga y como yo había tenido una muy buena trayectoria en esa ciudad y era muy conocido en el tema de servicios públicos, alguien me pide la hoja de vida. La primera vez que conozco a Gustavo Petro asumí que él quería un buen asesor para que le estructurara el tema de una empresa multiservicios como EPM o Emcali en Bogotá. Entonces le empiezo a hablar de estos temas y me dice: “no, hermano, usted lo que tiene es que traerse TGI para aquí donde está el dueño”.

¿Y por qué se volvieron tan cercanos?

Llega el momento en que lo destituyen. Me acuerdo haber ido a visitarlo en una casa fiscal donde él vivía, en Suba, para decirle que tenía planeado hacer una rueda de prensa y renunciar con el fin de solidarizarme con su salida. Le dije que como él me había nombrado, si no iba a estar en la Alcaldía, pues yo tampoco en la empresa. Me dijo que no lo hiciera porque él iba a volver en el plazo de un mes, algo que en ese momento me pareció difícil de creer. Pero así fue.

Eso cambió las cosas…

Así es. Comenzó una relación cercana, porque me imagino que él valoró eso y me volví una persona de su confianza. Entonces ya empecé a entrar más a su círculo familiar y a hablar con él con frecuencia. Tiempo después, como en agosto del 2014, me dice que ha estado buscando gente para presidir el Grupo de Energía de Bogotá, “pero no encuentro a nadie distinto a usted, por favor acepte”. Entonces acepto hasta que llegó la administración Peñalosa.

A buscar puesto…

Volví a trabajar con los Ardila Lülle, pasé a una empresa de energía de una familia muy reconocida en el Valle y regresé a Bogotá a liderar un proyecto de generación térmica a partir de carbón, que finalmente no se concretó. Acto seguido estuve en Honduras,  en un grupo empresarial, durante casi tres años. Por allá en enero del 2022 recibo una llamada de Gustavo Petro y Verónica desde Paris diciendo que me necesitaban en la campaña. A los ocho días estaba de vuelta.

Ricardo Roa en BOCAS

¿Cuáles han sido sus creencias políticas?

Mi mamá era de familia de liberales y mi papá muy, muy godito. Siempre fui muy conservador, de ir a misa, de ser muy organizado, de vestirme bien. Yo veía a mi papá como ese modelo, tan riguroso, tan cuadriculado en cuanto hacía, en el orden, en el procedimiento, en la norma. Creo que tengo mucho en mi sangre de conservador. Lógicamente soy una persona muy abierta, no me gusta discriminar a nadie, me encanta la libertad de pensamiento, la inclusión en todos los aspectos. En eso soy muy liberal, y en lo que más soy liberal es en mi alta sensibilidad hacia las personas vulnerables.

¿Se considera poco sectario?

Cero, cero sectario. Trabajé o tuve muy buena relación con todos los gobiernos, comenzando con el de Samper. No he tenido ni sesgo ni postura frente a nadie. En eso he sido muy racional, muy lógico. Creo de verdad, en esencia, que aquí cabemos todos.

¿Vota en las elecciones presidenciales?

Claro, y casi siempre por goditos.

¿Es muy cercano a sus hermanos?

Siempre he ejercido un liderazgo desde la niñez y en particular desde que murió mi padre, cuando tenía 35 años y él 75. En ese momento yo vivía con mi mamá y dos hermanas y busqué que la casa siguiera siendo el centro de reuniones de la familia. Ahora que tengo una casa de descanso nos encontramos allá, hacemos cosas por la comunidad y los niños de la zona. Cuento con muchísimos ahijados y sobrinos y pienso que soy un buen referente para todos ellos, por mi trayectoria, por mi historia, por la apertura que siempre he tenido y la vocación de servicio. Creo que lo que más he hecho en mi vida es servir.

Parte de su vida privada es pública. ¿Cómo fue ese proceso de aceptación de su inclinación sexual?

Siempre fue muy duro, porque era una ambigüedad entre lo que yo sentía y el principio de fe en un colegio religioso donde se iba a misa todos los viernes. Sufría mucho, fue una situación muy difícil. Tuve novias, varias. En mi casa, como mi papá era de formación militar, todo esto era muy reservado, muy callado, nunca se tocaba el tema.

Ricardo Roa en BOCAS

¿Y qué sucedió?

Fue una cosa muy bonita. Estaba en un retiro espiritual con un grupo mariano al que pertenecí durante años y que me ayudó mucho porque encontré amigos valiosísimos, personas que me ayudaron mucho a entender, a reconocer, a aceptarme sin saberlo ellos. Un día me voy y me confieso con un sacerdote, y él me dice: “no, señor, estás muy equivocado, tienes que aceptarte como eres porque tú eres un gran ser humano y así Dios te quiere. Y, en segundo lugar, realízate como tú eres, como tú quieres y sientes ser. Tercero, no engañes a nadie, si tienes novia, termina con ella”. Ahí empecé a entrar en el proceso de aceptación. Eso fue cerca de cumplir los 30 años y por allá como a los 35 se entera mi madre.

¿Su papá no alcanzó a saber?

No, yo creo que mi papá no supo. Para mí era muy importante que él no supiera. Ya después de eso me fui a los 43 años de la casa a vivir solo en Santander. Mi mamá estaba aquí (en Bogotá), bien cuidada. Entonces ahí empecé a hacer mi vida privada, sin problema. Me dije, pues ya tengo edad de que pase lo que pase. Pero hasta hace un año creo que logré mantener en silencio mi vida privada y mi condición sexual sin problema.

¿Y es liberador de todas maneras que el tema salga?

A estas alturas, para mí es un tema absolutamente irrelevante. Creo que uno tiene que pasar por la vida haciendo y aceptando lo que finalmente es y lo que realmente es, sin hacer daño. A mis casi 64 años me puedo dar el lujo de mirar a los ojos a las personas y decir que no tengo ninguna tacha en mi vida profesional, tras haber pasado por cargos muy importantes en el sector público o privado. He hecho una carrera en la que pienso que he tenido un muy buen desempeño, con pulcritud, con transparencia, con ética, siempre respetuoso de los códigos, de las normas, de los procedimientos, de la ley, de la regulación.

¿Todavía reza?

Total. Sigo rezando mis rosarios, sigo bendiciéndome en las mañanas y sigo bendiciéndome en las noches antes de acostarme. Soy muy creyente y pienso que allá en el fondo tengo un curita guardado. Durante 15 años canté una misa en el barrio, yo solito, en la iglesia.

Pasemos al tema de la campaña. Cuenta que llega la llamada de París y su aceptación para subirse en ese potro…

Estaba en Honduras trabajando y me faltaban apenas cinco meses para jubilarme. Ese es un país muy complejo, social, cultural, económica y políticamente, en el cual viví la pandemia. La experiencia del confinamiento lejos de Colombia fue supremamente fuerte y ya estaba medio agotado. El proyecto que estaba a mi cargo entraba en su fase final y entonces pensé que valía la pena volver a Bogotá, aceptar el ofrecimiento. Y que, si no ganábamos, lo de la pensión salía.

Y aceptó el reto…

Lo hice sin saber nada de campañas. El candidato quería que fuera una mezcla de gerente financiero y gerente técnico. Mi respuesta fue que lo que procedía era ser gerente nacional de la campaña. Y así fue como empecé.

¿Cómo lo hizo?

Replicar la estructura general de una empresa, en la cual el dueño equivale al candidato y la junta directiva al conjunto de asesores políticos, de comunicaciones, estratégicos. Tenía claro que mi oficio era buscar y administrar los recursos, pues yo era ese canal entre las ideas y el territorio, para aterrizarlas y materializarlas, además de encargarme de la publicidad y la logística.

¿Y las cuentas?

Lo primero que hice fue designar un oficial de cumplimiento. Monté una auditoría y escribí un manual y una política de recepción de los aportes y donaciones. Todo eso reposa dentro de los documentos. Entonces nombré tesorero, contador, asesor jurídico. En fin, toda una estructura en que había filtros muy importantes, con auditores externos e internos para la revisión, el seguimiento, el monitoreo, el control.

¿Quedó satisfecho?

Creo que todo ese ejercicio se hizo muy bien. El Consejo Nacional Electoral en su sala plena revisó, validó, aprobó y reconoció el 100 por ciento de los ingresos, gastos y costos que la campaña tuvo en sus tres fases: consulta, primera y segunda vuelta. Producto de ello es que, hace un año, le fueron devueltas a la Colombia Humana el 100 por ciento de los gastos y de la financiación que reportó en la plataforma Cuentas Claras. En eso fui muy minucioso, en cuidar cada factura, cada comprobante, cada contrato, cada orden de prestación de servicios.

Ricardo Roa en BOCAS

¿Qué reacción le generan los audios de Armando Benedetti o el proceso contra Nicolás Petro, referente a dineros no contabilizados en la campaña?

Yo respondo por las cuentas de la campaña, tal como fueron reportadas.

¿Qué reacción le generan esos escándalos?

Estos temas obviamente me preocupan y espero que las investigaciones se adelanten con todo rigor, pero puedo asegurar que estoy tranquilo. En lo que me compete y lo que me correspondió a mí cuidar, manejar controlar, nunca hubo una irregularidad. Ninguna de esas situaciones que han salido en los medios sucedió al interior de lo que fue la gerencia nacional de la campaña.

Ha dicho usted que hay un dinero que nunca se gastó…

Así es. Como teníamos una política de recepción de ingresos y donaciones en la cual dimos a conocer nuestras cuentas bancarias, algunas personas, unas tres o cuatro, consignaron alrededor de tres millones de pesos en total. Pero nunca pudimos dictaminar, ni reconocer de dónde provenían. Entonces esa plata se quedó allá guardada. Está en la cuenta de la campaña en Confiar.

¿Tuvieron dinero suficiente para financiar la campaña?

Un detalle que poca gente conoce es que entre la consulta y la primera vuelta se sobrefinanció la campaña. Entonces hicimos una devolución cercana a los 3.800 millones de pesos en el cierre de la consulta. Era lo que procedía legalmente.

¿Y no se arrepintió?

Pues nos quedamos sin un peso para la primera vuelta y sufrimos mucho las dos primeras semanas, hasta que me entró una plata de un préstamo del Banco de Bogotá y ahí ya empezó a fluir el resto de la financiación. Alcanzamos a lograr algo cercano a los 27.500 millones en créditos, que fue lo que se ejecutó.

¿Qué hay de los recursos de Fecode?

En eso tengo también la mayor tranquilidad. Recuerdo que llegó alguien de Fecode y nos dijo que tenían 500 millones de pesos para la campaña. Mi respuesta fue que no les podía recibir aportes y ellos se fueron. Recuerdo haberles dicho también que gracias, que nosotros ya teníamos la financiación completa de la campaña. Entonces me olvidé del tema hasta que vi el tema recientemente en la prensa.

¿Y lo relacionado con el avión, los gastos de seguridad?

Todos esos gastos están respaldados con contratos debidamente firmados, reportados, que se pagaron con cargo a la reposición de votos. Del avión, en particular, había un número de horas mínimas de vuelos al mes, con su respectiva tarifa. Había también un cargo por disponibilidad de la aeronave. Esa empresa se contrató porque, primero, era la más barata, segundo, nos financiaba el servicio con reposición de votos y, tercero, era la única que tenía un helicóptero ambulancia, que era un tema delicado por los ruidos que había en torno a la seguridad del candidato.

Ricardo Roa

¿Cuándo creyó que iban a ganar?

En la primera vuelta íbamos muy bien. Pensábamos que ganaríamos con un 45 o 46 por ciento y que el segundo sería Fico (Gutiérrez). Pero nada de eso pasó, con lo cual el sacudón fue muy grande. Después de unos días de conmoción, recuperamos la calma y volvimos a trabajar. Pero lo que yo sí sabía y siempre lo analicé sin ser experto en política es que Rodolfo entró con su techo y nosotros con nuestro piso.

¿A qué atribuye el triunfo?

Al cambio de estrategia en la campaña. Remplazamos las concentraciones en escenarios abiertos por algo más creativo de relación directa del candidato con diferentes personas. Y, claro, nuestro contendor nos ayudó a ser exitosos.

¿Llegó a verla perdida?

No, aunque entendí la responsabilidad, porque si perdíamos alguien habría culpado a la gerencia. Haber ganado es para mí quizás el mayor logro como ser humano en lo profesional y en lo político, aunque no tengo nada de político. Hicimos historia.

¿En qué momento queda explícito el tema de Ecopetrol?

Tuve un almuerzo con el presidente electo y comencé a hablarle de diferentes temas del sector minero-energético, a partir del conocimiento adquirido en más de tres décadas de haber estado ahí metido. Y de pronto, él me interrumpe y me dice: “usted no va a ser el ministro”. Yo me quedé así como frío. Contó que ya tenía una ministra, una mujer, ambientalista. Entonces dijo que el énfasis debería ser la transición energética y que yo debería liderar ese proceso, que él me veía a cargo de ISA o Ecopetrol. Después en otra reunión donde estaban más personas, incluyendo algunos ministros ya designados, me dio a entender que iba a ser el presidente de ISA, pero sin ser muy explícito. Entonces me fui a buscar apartamento en Medellín, por si acaso. Y por allá, a comienzos de noviembre me dice que quiere que yo aplique para ser el presidente de Ecopetrol, cuando se abra la convocatoria. Entonces participé, le metí la ficha al tema e hice un muy buen proceso con la firma cazatalentos, y de allí es que viene mi designación en abril del 2023 y mi arranque en el cargo unos días después.

¿Y dónde estaba su corazón?

A mí me correspondió cuidar la joya de la corona del Distrito, que es el Grupo de Energía de Bogotá, cuya actividad central es la transmisión de electricidad. No hay duda de que ISA, con la cual siempre soñé, es la joya de la corona de la nación en el mismo negocio y con otra dimensión.

¿Cómo ha sido el proceso en Ecopetrol?

Duro, duro, porque es una empresa muy grande, con muchísimos retos. Pero estamos haciendo la tarea, con resultados para mostrar. El ejercicio del 2023 fue el segundo mejor año de toda la historia. Nos afectó el comportamiento del dólar, el aumento de ciertos costos, la baja en el precio del crudo, pero en materia operacional el balance es excelente. Pongo dos ejemplos: en el 2022 la nación recibió transferencias por 42,6 billones de pesos en impuestos, regalías y dividendos; este año va a recibir cerca de 56 billones de pesos. Al mismo tiempo, saldamos la cuenta pendiente del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles, cuyo pasivo era de casi 37 billones de pesos. En su momento mucha gente dijo que Petro había venido a sacarle la platica a Ecopetrol y lo que hizo fue subir la gasolina para cerrar un déficit muy grande. En inversiones tuvimos un año récord, al ejecutar el 97 por ciento de lo planeado, es decir, 6.380 millones de dólares. Un tercer gran logro fueron las refinerías, que tuvieron su volumen de carga más alto en toda la historia. De modo que, en lo económico, en lo operativo, en los volúmenes de líquido y de crudo transportados tuvimos resultados excelentes.

¿Qué más destaca?

El 2023 fue un año histórico en la actividad de la exploración, pues de 22 pozos que perforamos fuimos exitosos en 11. Cualquiera que sepa de este negocio sabe lo que significa una tasa de hallazgos del 50 por ciento. También destaco el impacto social.

Ha dicho que la transición energética es algo personal para usted. ¿Por qué?

Es que la he vivido. Uno de mis recuerdos de muy niño, tendría unos cinco años, es que me tocaba limpiar la estufa de carbón que había en mi casa, porque con eso se cocinaba. Después, hacia los diez, me acuerdo haber hecho fila para comprar un tanque de cinco galones de cocinol, que era peligrosísimo. Unos años más tarde tocaba salir corriendo detrás del camión para comprar el cilindro de gas propano. Tendría unos 18 cuando nos llegó la red de gas natural.

Hay ruido sobre el tema de la rotación de personal en Ecopetrol…

La gente cumple ciclos y eso es lo que hemos venido observando en algunos altos directivos. Uno arma un equipo, pero he sido muy cuidadoso en que esos procesos sean rigurosos. Venimos haciendo el ejercicio del respeto a la carrera. La mayoría de gente que ocupa cargos muy técnicos viene de adentro.

¿Qué hay respecto a la posibilidad de que la empresa entre en el negocio de generación de energía?

Hay una hoja de ruta que trazó la administración anterior, orientada a varios pilares para desarrollar la transición energética. Esto incluye volverse el gran productor de hidrógeno verde en el país. Colombia tiene un enorme potencial de producción de energía eléctrica a partir del sol y del viento y según varios estudios estamos llamados a ser el segundo país más competitivo del mundo en materia de producción de hidrógenos de bajas emisiones. Esto implica incorporar, de aquí al 2030, entre dos mil y tres mil megavatios nuevos de energía renovable, unas cuatro veces más de lo que se había planeado. Esa aspiración comprende producir amoniaco, metanol, hidrógeno verde, no solo para nuestro propio consumo, sino para exportar o para la industria nacional.

Pero esa puerta se abrió…

La Ley del Plan Nacional de Desarrollo eliminó unas restricciones que había en la Ley 142 y 143. Ahora ISA podría ser un actor que desarrolle integralmente las actividades que le estaban vetadas o restringidas. Entonces hoy, si quisiéramos tener un vehículo para crecer en generación, perfectamente podría ser ISA.

¿Qué opina del riesgo de que el país pierda su autosuficiencia petrolera?

Hay que distinguir entre autonomía, soberanía y seguridad energética. Creo que tenemos que ir pensando más en la seguridad que en la soberanía. Para ser concretos, en materia de gas, si no somos capaces autónomamente de producir la cantidad que el país va a requerir, nos toca buscar alternativas. De hecho, ya hemos tenido periodos en los que hemos venido importando casi 300 millones de pies cúbicos de gas diarios a través de la planta de Cartagena, para atender la mayor demanda que ocasiona el fenómeno del Niño. Buscamos desarrollar los yacimientos identificados en el Caribe profundo, pero hay que considerar todas las opciones, incluyendo el contrato que Ecopetrol y PDVSA firmaron en el 2007. Nuestra responsabilidad es identificar las salidas que hay, incluyendo el análisis costo-beneficio, siempre con el objetivo de garantizar el suministro. En eso estamos.

El gas importado puede llegar a costar tres o cuatro veces más que el producido localmente, lo cual lleva a la lógica de suspender la firma de nuevos contratos de exploración…

Lo que puedo decir al respecto es que Ecopetrol continúa con su plan de inversiones, el cual pasa por instancias de discusión y decisión muy rigurosas. Los colombianos pueden tener tranquilidad de que aquí nunca se va a hacer nada por fuera de esos procesos, de esos procedimientos. Hay unos criterios relativos a la disciplina de capital que están establecidos y nos indican cuáles proyectos son más rentables, atractivos y viables. A partir de eso es que se toman decisiones, en exploración, en recobro mejorado, en la incorporación de nuevas reservas.

¿Quienes expresan preocupación por el rumbo de Ecopetrol pueden estar tranquilos?

Pueden estar tranquilos. Prueba de ello son los resultados que hemos alcanzado. Aquí tenemos una premisa muy grande: vamos a proteger el negocio tradicional, y lo vamos a seguir privilegiando, porque solo así contaremos con la fuente de ingresos que harán posible la transición energética. Es lo responsable, lo medido, lo ponderado. Y eso es lo que estamos haciendo.

Esta entrevista fue realizada por Ricardo Ávila Pinto
Fotos de Pablo Salgado
Edición #136 Revista BOCAS

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